domingo, 31 de agosto de 2014

LIKE A ROLLING STONE


Regresar de donde no se vive, de lugares en los que lo incuestionable son playas y estampas de folletos turísticos con nombres veloces como los cometas. Dejamos atrás rincones hermosos donde nuestra presencia quiebra el instante de la historia en una fotografía. Posar con la sonrisa de conejo, la pupila detenida en la hibernación de los dioses. Mostrar el gran banquete de lo efímero en la pobreza del tiempo. Uno vuelve a su pesar, aunque nunca quiso estar de donde parte. El origen del viaje, es el principio de la fuga de uno mismo. Ver lo que nadie cree haber visto y que lo constate nuestra huella. Ir sabiendo que se debe volver. Que todo quede intacto. Llegar de nuevo dejando el estómago vacío a esos paisajes que alimentamos para nuestro propio ego, tal vez los mismos donde un día fuimos acariciados por la eternidad. Tal vez los que nunca nos esperen y donde ya dejamos de existir. Bienvenidos sean todos. Sólo las piedras entienden las despedidas.

jueves, 24 de abril de 2014

LA OTRA CONSPIRACIÓN







Sólo tú sabes robarme,
ganarle el pulso a las hormigas que me trepan”


(Milagros López)






Que haya transformación, y que comience conmigo”
(Marilyn Fergurson)



Adiestrar el cuerpo lleva su tiempo. Llevarlo al epicentro de la tempestad. Hundirlo en el azul cobalto del abismo, arrastrarlo por el lodo. Sepultar la memoria bajo el lienzo luminiscente del silencio . El mundo acaba de expirar. Calma. Todo volverá a iniciarse cuando baje la marea. La niña que paseaba por la arena encuentra un pez dorado en el adagio de una ola. Ambos renacen en el cobijo húmedo del abrazo. La melancolía del sauce añora la savia del corazón. El mañana es un sueño en la evaporación del sexo, el canto secreto de las ninfas mientras Eros hace el amor en el envés de la sal. Ser el otro, ansiarse en el incendio del otro, rosacruz sintagma donde se cristaliza el verbo ciego de la razón y los amantes firman un contrato sobre las piedras. Más allá asistimos a la verdadera agitación de la conciencia, el equilibrio revolucionario de una nueva era. El viaje comienza donde termina la frontera de la oscuridad. Trascender el cosmos, anclar la eternidad sin billete de vuelta. Dar a la ciencia otra dimensión en el calendario estival donde siempre bailarán las doncellas en el cuarto creciente. El dogma comienza cada mañana a la señal de quien espera ser amado. Plenitud al fin en el territorio de luz, dice la poeta. El mar necesita ser comprendido. Esto sólo es posible en un intercambio de espacios. El pez niña, la niña dorada.
Aquí se sujeta lo indecible, lo que encierra el poema. Escuchar. En la verticalidad del cielo y el límite celeste hallaremos ese umbral de sabiduría infinita. Seamos, pues, el mañana siempre. Toda vigilia tiene su recompensa. 

(Prólogo para el libro de Milagros López "A ras del mar". Editorial Torremozas, 2014. Imagen de Elena Kalis)




sábado, 11 de enero de 2014

PODA DE INVIERNO



De noche
Limpio los interruptores
La mugre en la luz
Con un trapo húmedo
Desecho las ramas del olivo
Lo inerte
A tijera de pez
Es hora de celebrar
Con las manos en la tierra
El último invierno
El último desorden

(Fotografía de Javier Gimeno Maté)

domingo, 24 de noviembre de 2013

CUENTO DE OTOÑO


Desde el principio de los tiempos, el amo del lobo hizo lo imposible para no dejarse ver. Mandaba cada noche una cuadrilla con sus mejores sementales para avivar la sed de las doncellas bajo sus camas mientras dormían. Esperaban el instante en que la voluntad bajara el telón en el intermedio de la razón para sacudir sus patas y meterles el hocico en la garganta y pararles el corazón y la aguaviva de las pesadillas antes de caer al imperio del deseo.

Otras veces, adiestraba un epílogo en medio del bosque donde los mayores buscaban setas en otoño. Sabía perfectamente donde morder. La yugular acababa confundiéndose con las raíz de un árbol. Pero el amo iba por detrás y organizaba un festín por todo lo alto con los solteros del reino. La sangre de la memoria oxidaba las cadenas. Era lo único que nunca pudo dominar. Caperucita, por aquel entonces, aún no estaba inventada. Ni el antídoto que emborrachaba la manzana del engaño. Ni la anestesia. De hecho, no hay perdedores en este cuento. Sigue tú. Escribe que la rabia es un postre caducado en el contenedor del recuerdo. El lobo es una especie protegida...los otros lobos.

(Imagen de John Everett Millais. 1.864)

miércoles, 9 de octubre de 2013

VENA MÍA

La culpa la tiene mi doctora. Y el asco. Y mi cepillo de dientes que provoca la arcada matutina. Y él y su cajón de la cómoda con su medallita de comunión de oro. Y sus corbatas enfundadas en bolsas de la tintorería. La culpa la tiene la pena y lo poco que me deja para pensar en otra cosa que no sea la lista de la compra cuando al dolor se le hace la boca agua. El pollo y sus virtudes acrobáticas en la sartén. El boquerón frito y la sardina al horno. Sus cartas bancarias sobre el mantel de la depresión y mi quiebra intestinal. Mi casa huele bien a pesar de todo. Aún conserva el vaho del amor en el techo. Cada mañana esquivo al duelo el contorno de un ángel en los azulejos de la cocina. Cada noche acaba estrellándose en un vaso rojo. No duele. Necesito que me haga llorar en vena. Morir por esto sólo te asegura una buena incineración y una coral de plañideras de serie. ¿Por qué callan los hijos de Olot? ¿A quién temen? Esta cuarentena de vida no es vida. Odio la fluoxetina. Me queda grande de sisa y de orgullo. La doctora tiene razón: Nadie merece ser notificado en el olvido. Hay que andar de nuevo. No lleves adornos, ni piel ni ropa. Corre. Corre hoy detrás de otro ángel, maldita sea. Que te señale el sitio donde mejor paguen el oro por miligramo de felicidad. Que alguien perdone a los que crean en tu inocencia.. Vendo medalla de un infante con fin benéfico. La libertad no es tan cara como piensan. Pero a veces da mucho asco.



jueves, 23 de mayo de 2013

LIMBIOSIS

 

Decir o cantar a pulmón. Al  precipicio no le importa aniquilarnos. Somos un nudo de lana en el caos original. Hablar, escribir sin pensar porqué. La caída debe ser automática.  Deténganse un segundo en la belleza: nunca toca suelo pero tampoco se cura con la diálisis de una nube.  Eso es importante. Tanto como soñar un hijo que enumere lo que nunca pudimos hacer nosotros mismos. Escuchen los primeros balbuceos. Ahí es donde reside lo cierto. Luego olvidamos. El hijo no existe aunque sea el momento exacto para un arrullo. Pero hay hijos que no nacerán nunca porque olvidan que tienen que nacer. Están a medio parir entre el destino y la niebla. Les damos de comer, extraemos la leche desde la disonancia horripilante de la realidad. No decimos hambre, decimos bebe. Él o ella vocalizan hojarasca, viento, adiós. Ensayan el dédalo de un futuro sórdido. Vienen coronados de laurel y una máscara natalicia en blanco carnaval. Así fuimos. No lo recordamos. Pero alguien nos enseñó a callar. Tal vez porque aún no estamos aquí. O porque  nadie lo entendería. Ni falta que hace. Quiero teta. Y otro mundo.
(Fotografía de Valentín Toledo )
 

domingo, 10 de febrero de 2013

HERMANO LOBO

Olvidar la noche

Donde todo comienza

Qué rezar y encima de qué cuerpo

Acábame en la venia del agua y del pan

Sin más penitencia sino tú

Hermano lobo

Malherido de fe

Sacrificas

La negación

A pesar de las balas

Sino yo, que no fui, no espero

Duermo ahora

Un recuerdo dulce

Ocupará tu lugar cuando despierte

Ese animal manso

Aterido por el frío

 

martes, 5 de febrero de 2013

DOPING



El argonauta traspasa el dique surfeando sobre la madre de la fiebre. En las noticias, una calavera habla sobre la mano izquierda de su asesino.  Hay restos de hueso y pólvora entre los labios de la memoria. Piernas y brazos cercenados como muñones secos implorando el arrepentimiento de los feligreses. Mártires de la misericordia sin título ni sepulcro bajo el mármol de los templos. Nuestra niñita invierte un reloj de arena que oscila juguetón entre su índice y pulgar. Cuenta en cinco segundos su agonía. Yo que tanto quise no tengo ya valor. Oremos por la gula del plancton (voz en off. Interferencia canalla: Voy a comerte el corazón). Todo es relativo menos el hambre. Tu brújula devora en el sur el ansia de un hundimiento. Cinco segundos más. Vena, toma mi sangre y devuélveme la garganta. Concédeme la licencia de los cuerpos celestes. Y otro amanecer más en la clemencia de los expatriados. Uno, dos, tres…

 

domingo, 30 de diciembre de 2012

CONJURO PARA EL MAL DE OJO




Distinguir una cotorra de una gaviota
 Usar gafas cristalinas en las tinieblas
 Proteger la fórmula original del alba
 Del falso precio de la corona
 Mirar al mar de frente y desde atrás
 Con escamas de ballena azul
 Hacer sopa boba de gallina vieja
 Celebrar la tempestad para que el rayo parta
 Al que no sepa hacer de la risa un puro semental
 Calentar las manos al que tiembla
Bajo nuestro techo y custodia
 Hervir en la noche y cribar el deseo
 Del sudor excesivo de la franela
 Mojar un calcetín en café
 E inmolar las líneas del destino
 En un pie desnudo
 Nombrar huésped distinguido
Del atlas carnal
Al ángel custodio
 
 Volver al mar. Pisar la arena.
  Despedir pues, sin pañuelitos blancos,
 A las olas que van, lamen y desaparecen
Que no hay oro, ni baile, ni coronas
 Digan lo que digan los naufragios
 En sus últimas jaculatorias

martes, 4 de diciembre de 2012

PALABRAS

 


Amaestrar el pulso sobre el papel arrugado del niño que fuimos en la escuela de los significados. Borrar, alumbrar una y mil veces el trazo correcto. Letras parodiándose en busca de un sonido aún impronunciable. Dar a luz a la madre llamándola por su nombre. Querer al padre en el verbo mimar. Unir el singular con el plural. Anudar el árbol con el hombre, la leche con la vaca, el miedo con la noche, el fin de un cuento con la felicidad. El amor con un beso. ¿Cómo se escribe vacío con un triste código de signos?. Y el dolor ¿cómo se dice?. Y la muerte ¿cómo se dibuja?. Las palabras provocan la combustión del lenguaje. Arden bajo la ambigüedad contenida del desorden primigenio de la razón. Para cifrar, reinventar la llama que las haga desaparecer, habría que convocar una asamblea que vote por unanimidad que todo lo dicho vale para salvar un solo verso de un poeta.
 (Imagen tomada en la exposición “El hilo de Ariadna” y que se podrá disfrutar hasta el mes de marzo en La Casa del Lector http://casalector.fundaciongsr.com/. Detrás, la videoinstalación de Charles Sandison. “Index”, 2.006)

jueves, 29 de noviembre de 2012

BIRD DREAM

 
 


Entro por la puerta trasera del jardín.  A mi derecha, un arbusto me revela el sosiego de cuatro gorriones. Parece un prodigio que estén quietos, que mi presencia no les haga temblar entre las hojas. Me detengo ante la extrañeza de sus pupilas detenidas en un horizonte que no puedo alcanzar. Qué puede hacer un pájaro sino volar dentro de un sueño?. Estiro mi mano para tocarlos. Atravieso un encaje de niebla. Confunde la araña el hálito de su presa. De repente el frío. La rama es un precipicio de calma mortal y silenciosa. Serrín de plumas entre los dedos. Regreso a la hora del café. Alguien llora la tragedia de un salto. Danza ya con la perversidad de lo efímero. Salgo de casa por la puerta principal. Todo es silencio.
(A Daniel, in memoriam, que soñó antes de tiempo su primer vuelo)

sábado, 20 de octubre de 2012

TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO

 

 





“Las olas llegan y vuelven a llegar, no paran, insisten, son metáfora de la vida. De las putadas de la vida, del despertar para volver a dormir. Del nacer para volver a morir. Hay caricias, abrazos, palabras, llantos, frases que envuelven todos los pasados. Victorias que obligan a empezar, derrotas que obligan a continuar, espacios que no se volverán a pisar y sin embargo uno queda allí. Personas que quedan en uno, en lo más profundo.
Y se espera, es la ilusión de encontrar la ola.”
(Justo Mon. Aventuras de un surfista punk, 43)


En la unificación de las ausencias, hay un mar que se niega a devolver las flores acariciadas bajo el silencio de las lágrimas de Lorenzo. Dices que la mano de tu madre toca tu frente y se abre de nuevo  la posibilidad de traspasar el límite de lo eterno. Hablas de la resaca de la vida mientras salinizas la red del pescador de naipes tomando a sorbos pequeños el orujo de las mañanas. La sed de grial enmudece a las muchachas de la orilla ante tu desnudo argonauta de vanguardia colorista. Lleva un curso de retraso esta muerte por deshacerse en la belleza, de hurgar en el invierno un acantilado donde sólo vive un cormorán y un arrecife corta la línea horizontal del paraíso perdido (“caerán ángeles - anticipaba Milton- ruge la confusión del caos”). Mañana seguirá siendo mañana, apunta en tu cuaderno de bitácora celestial, querido Justo. Anota también que el más árido azote al tiempo es el olvido de todos los aniversarios difuntos,  de todos los natalicios venideros, del hilo mojado del caracol en un arrabal de versos. La edad se arrincona ordenadamente como la leña en la estación del otoño, esperando el conjuro del fuego. Hemos bebido contigo del líquido digital  donde se imanta el devenir cíclico del mundo ante la precariedad del silencio. Desobedecimos junto a Cummings las costumbres de los náufragos, cifrando oraciones noctámbulas en los márgenes de insomnios incendiarios, desbrozando las causas de la ceguera. Abrías los ojos y todo era una tormenta de arena donde cantaban sirenas desde el fondo anárquico de la lógica. Pero siempre regresábamos como dioses arcanos, saciados de sal y polvo de estrellas. Amaneció mañana en el mismo punto donde ha de encontrarse la victoria inmaculada de la memoria. Y en la tuya, que ya es vértigo de luz, esta marea detenida en el más hermoso y crepuscular estío.

(Carta a Justo Mon en el homenaje recibido en Madrid el día 18/10/2.012 en el Bukowski Club. Imagen de Fredy Llerena, "El pez volador")

sábado, 6 de octubre de 2012

TRES TRISTES TRÓPICOS


Mientras escribo en la terraza este texto para Julio, oigo una legión de segadoras y sierras eléctricas. La rama que apunto estuve de tocar ayer ha sido cortada. Luego tres coches recogen las hojas, aún brillantes y tersadas por el sol otoñal y enfilan hacia algún lugar que nadie conoce. Se me antoja un cementerio de árboles como destino.
Vuelvo a las letras y veo al poeta numerando el testimonio del absurdo, desertando en la memoria de la madera, maldiciendo ese lugar de naturaleza muerta como magisterio de la razón. Eternidad tras eternidad y seguiremos cortando la cepa del olivo para el sediento camposanto del recuerdo. No hay nada más amargo que caminar entre las raíces de lo que el hombre destruye sin misericordia a base de cuchillo y cemento.
La voz es un asunto muy íntimo des-privado de emoción hasta que la propia emoción responde a nuestro silencio. La voz como salvoconducto de la escritura. En la oscuridad se dan la mano las mejores glorias o las más tristes pérdidas. El caos otorga a cada alborada una sola respuesta: La verdad es la dentellada en la médula del mundo. El poeta, con pulso muy firme y armado de trópicos, diseccionó por partes las zonas frías de las calientes. Al norte, un silencio suicida en grado infinitesimal. Una habitación deshabitada es un equinoccio de invierno, un deshielo de absurdos en el cénit de la cordura. Que amanezca, implora el poeta…así por siempre se escucha su letanía desde cualquier punto del universo.
En el meridiano, se enfrenta a la melancolía vestido de traje de domingo. Ponerte ojos de paloma, boquita de guinda embalsamada en licor, hechizo de párpados lunares bajo el labio inmóvil del beso. Querer eso. ¿Tan complicado es?. No dice, para eso tu lengua, arrebato carnal que ha de nombrarte amor. Sí, amor. Porque después hay que despertar y saludar a la pobreza en el recibidor, invitarla a un café y dejarla feliz y cantando mientras pasa el polvo a las ceniza nocturna. Sólo las lágrimas sobrevivirán entre las páginas de un libro. Las bellas mujeres, las mujeres bellas odian las guerras pero añoran al primer desertor de la contienda. Las mujeres gestando hijas de soldaditos mansos que levanten templos en los campos de tiro. La niña pregunta al padre cómo completar el puzle que guía la historia del deseo. La paternidad ordena cualquier error del cosmos. Desconfíen de los cometas sin cintas blancas que señale el capítulo donde nos perdimos un día en la ingravidez de la pasión. El sueño, conciencia del alma, nos da la certeza o nos la roba en el último hálito de nuestra sombra. Así es por lo que sueña el poeta.: que amanezca, que amanezca, repite, en la más terrible reverberación de la locura.
Se le volaron los pies tras los grillos en el sur de la noche. Gregorio Samsa, no podía ser de otra manera, hizo buenas migas con él. Le enseñó a dividir vacíos antes de caer de espaldas al suelo sacudiendo sus mil patitas. Luego miró al fondo de la ballena de la boca abierta. Allí sí que había un imperio. Jonás le invitó a entrar y se hundieron las estrellas y sus citas indiscretas. Se las llevó el pájaro a la ventana para su levísima muerte. Quedó el mago, el poeta, el hombre haciendo malabares con la sanguijuela de la ignorancia, el paso patizambo del acróbata, la chica con la falda agitada por el pudor de lo obsceno, el ángel que sostiene el espejo ilusorio de la fragilidad. No despreciéis la sensibilidad de nadie -declaraba Baudelaire-: ahí reside su genio. Y en el futuro, Julio, la luz en el envés de la hojas, antimateria que has de rubricar en la latitud de lo perpetuo. Las mortajas se bordan en la tregua del olvido. Los poetas usan las agujas para tejer epílogos en tierra de nadie. Cae otro árbol. Así es como florecen las palabras.
 
(Texto para la presentación en Madrid del nuevo libro de Julio Obeso "Tres tristes trópicos" y que tuvo lugar en Arrebato Libros el 5 de octubre de 2.012)
 
 
 
 

miércoles, 29 de agosto de 2012

SALOMÉ



De sándalo y miel íbamos desnudos

Yo te escuchaba y tú cantabas

Vencido a mi piel en el delirio

Son las 12. Oscuro e inmoral

Un espíritu llega y de su lengua

Dispara una flecha de cianuro

Ni la noche indulta en su silencio

A un ángel tristemente dominado

El viento, sí


 




lunes, 20 de agosto de 2012

SACRIFICIO


A punto de la asfixia tras el café de la siesta, una mujer creyó conveniente disponer lo único que sabía cierto le traería el último hálito de complacencia. Y tras diseccionar su oreja derecha -era diestra para captar los sonidos aburridos de todo aquello que le rodeaba- se entrega irrenunciablemente a un ir y devenir de campanas y sonajas celestiales en la izquierda, absorta en una meseta de hierba verde insufrible (hasta suena una flauta travesera y timbales desde una coral de voces blancas). Avanza ahora mismo recorriendo el ilusorio decorado, siguiendo la huella de un lobo gris que indica un lugar insondable que sólo él conoce bien. Caminan un bosque hecho de hojas de nogal que su último enamorado le dejó en suerte de suspiros hilvanado en los visillos de la alcoba. Podrían incluso compararse a la bondad de aquellos orgasmos que ella había ido atesorando en una botella de anís y que al rasgar le devolvía ese segundo de espasmo extraordinario como un ave migratoria al término de su vuelo. Se acerca. La bestia, leal a su amo, la conduce al epicentro del altar coronado por brotes de acedías que harán de lecho para la inesperada cita. Viene ya selvática y desnuda con paso de niebla. Asoma en la piel un temblor primario al amparo de la carne, perfumada de rocíos medulares y el espíritu de la sal fluvial de una gárgola entre los muslos. Este hambriento mitad hombre mitad unicornio no deja de observarla. No hay prisa. Las estaciones se entretienen en el jeroglífico de la espalda, en las dóciles plumas abatidas al zumbido del atlas del fin del mundo. Los senos desde atrás.  Las caderas, tallo de abeja en su danza letal. Dónde ella, dónde los sexos han de alojarse y contenerse, dónde la mitad del hombre que sabe donde quiere permanecer por siempre en la litúrgica entelequia del ardor. Se revuelve, se transmuta en yegua embravecida, se ofrece entre la humedad y la lucha por girarse. La mitad del hombre sabe donde habitarla. La otra, esperará el punzante temblor de la certeza tras el rastro de la aguja. Ella dice entra. Dice invádeme ahora de norte a sur este cuerpo inconquistable. La vuelvo frente a mí vencidos ya los dos y la completo, absolutamente inundada de mi espuma, a un acantilado de plenitud infinita.  Pero yo sé que la espiga alzada de mi frente vertebral, haré brotar la sangre que desde su latido -prodigiosamente reencarnado en ella misma-, brinque saciado de dicha con mi mejor sacudida. El mañana será otra naturaleza viva. Ven. Desfallece en mí de nuevo, sueño de verano (se escucha de fondo el tintineo estridente de una alarma de gaviotas aturdidas. El despertador del tiempo marca 38 grados a la sombra)